Escritor cubano Cuban writer

Orlando HechavarriaOrlando Hechavarría nació en Santiago de Cuba en el seno de una familia obrera. Cuentan que nació en una pequeña calle santiaguera que se recorre completamente tan solo con diez zancadas. Las dificultades reinantes en aquellos años cuarenta, como vientos de permanente sobresalto, empujaron a sus padres a deambular de un sitio a otro de la ciudad, y luego de Santiago hacia La Habana y viceversa. Durante su infancia ese peregrinaje se hizo pertinaz. Los estudios de primaria los hizo entre una escuelita casi adherida a la carretera de Boniato en Santiago de Cuba y una enclavada en la barriada de Lawton en La Habana.

Dijo un gran escritor, Hermann Broch, que la semilla del novelista se anida en los primeros siete años de vida. Y quizás, en ese emigrar obligatorio y algo desquiciado, Hechavarría abrigó siempre en su mente la idea de llegar a ser algún día un narrador. Nunca se sabe. Como sabemos, y eso lo afirma este narrador, nadie en este mundo puede escoger dónde nacer, y menos elegir lugar, país, área geográfica, etcétera, o quiénes serán sus padres, hermanos y familiares, o cuál será su nombre y apellidos y mucho menos compendiar las rutas de eso que la gente llama destino. Y así le sucedió a él, por supuesto.

Dicen que con 15 años de edad, Orlando Hechavarría en la ciudad de La Habana, observó con asombro el triunfo de la Revolución Cubana. A los pocos meses se enroló en los Maestros Voluntarios que se formaron en la Sierra Maestra a fin de llevar la enseñanza a los campesinos en las montañas y campos de Cuba. A los 18 años, tuvo la suerte de capitanear en el municipio de Niquero, Oriente, a más 2 mil alfabetizadores “Conrado Benítez” y mil brigadistas obreros para enseñar a leer y escribir a 23 mil campesinos durante todo 1961.

Para Hechavarría fue una aventura magnífica y quijotesca. Fue como descubrir que más allá del bien y del mal, delimitados por Dios, había infinidad de interrogaciones e incertidumbres para poder enfrentar la aventura mayor, o sea, la vida. Seguidamente, como suele ocurrirles a muchas personas, entre faenas laborables y la consecución de estudios superiores, a los 27 años ingresó al Ministerio de Relaciones Exteriores cubano en el 70 y desempeñó funciones diplomáticas ante el gobierno italiano en Roma hasta el 77.

A su regreso a la isla trabajó en la Dirección de Europa Occidental en el MINREX y en el 83 fue nombrado Cónsul de la embajada cubana en Portugal, labor diplomática que llevo a cabo hasta el 90. En el 92 comenzó a trabajar como Road Manager de su gran amigo y afamado cantautor Pablo Milanés hasta el 2000. En este año, Orlando Hechavarría, con la estimulante anuencia de Laura, su mujer, hijos, hermanos y amigos, decidió dedicarse por entero a la narrativa.

En el 2004 su novela La calavera de cristal obtiene el Primer Premio en el concurso de novela policíaca vigente en Cuba. Dicha obra es publicada en el 2006 por la Editorial Boloña de la Oficina del Historiador de La Habana y presentada en la Feria Internacional del Libro en La Habana. La calavera de cristal tuvo buena acogida por parte de los lectores y de la crítica especializada. En el 2008 la Editorial Porrúa de México, publica su novela Mente de jaguar. En el 2015 la Editorial estadounidense Xavart, publica su novela Adiós Arizona, la cual, actualmente, se puede adquirir en América y Europa a través de Amazon.

Pero con independencia de que algunos críticos y lectores vierten buenas valoraciones sobre las novelas de Orlando Hechavarría, este viejo diplomático y licenciado en Derecho con vocación de narrador, queremos saber qué opina él sobre su obra.

«Bueno», nos dijo, «en cuanto a la narrativa yo me considero un artesano que recién debuta, sí, artesano más que escritor, pero de esos artesanos que pelean muy duro con las palabras. José Martí y otros escritores me han inoculado la vocación de respetar y amar las letras. Y amar a los poetas, por encima de todo. Con Hermann Broch descubrí que la novela revela que las cosas son más complicadas de lo que comúnmente cree la gente. La exploración de la vida del ser humano en manos de la novela remonta la Historia. Y ambas revelaciones las comprobé con Kafka, Salinger, García Márquez, Lezama, Fuentes, Cortázar, Rulfo, Banville, y el paradigmático William Faulkner. Y como considero que el libro es el amigo que llega a nosotros para acompañarnos en la soledad y contarnos historias, pues con ese impostergable reclamo no dejo de escribir. También me remolcan en ese difícil y placentero oficio de narrador, y no me pueden faltar, poetas como Martí, Whitman, Brecht, Vallejo, Nicolás Guillén y Pablo Milanés, pues sólo los poetas saben que detrás de rocas y ventanas se hallan los versos.»

Categorías