¿Acaso eres adivino?

Adiós Arizona

Ayer me escribió una nota un amigo mexicano mío que está leyendo mi novela «Adiós Arizona». Me comentó que al leer la novela, de repente descubre que Aristarco Paniagua, el jefe del cártel de Guadalajara en 1985, planificó una fuga de la cárcel de forma casi idéntica a la ideada y realizada por El Chapo Guzmán. Y entonces, en esa nota, el amigo me pregunta: «¿Acaso, Orlando, eres adivino o qué?»

Tuve que reír. «Nada», le dije a mi amigo, «a veces la ficción intenta y logra develar aspectos sorprendentes de la propia vida. Sabes, en ese juego de la verdad de las mentiras, como dice Vargas Llosa, que es la fabulación del narrador, en ocasiones los dardos de la ficción dan en el blanco. Nunca se sabe, amigo, cómo los demonios empujan al escritor a narrar sus historias.»

En realidad, hasta Robin Hood se quedó pasmado ante la mágica y perturbadora maniobra ejecutada por El Chapo Guzmán. Éste, con su túnel y otros ardides, dejó boquiabierto a todo el mundo. Especialmente a los canallas que ostentan el poder y no necesitan túneles y complicidades para escapar y esconder sus miserables felonías.

Al menos este lector amigo mío, eso me recalcó, leía satisfecho la trama de «Adiós Arizona».

«¡Qué bien!», me dije. «Así mi amigo puede comprobar con la lectura de «Adiós Arizona» que uno de los objetivos morales de toda novela es el conocimiento, además de entretener, por supuesto.

«Adiós Arizona», como cualquier novela, no demuestra nada, tan sólo plantea interrogantes.

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