Barak Obama

“Julius Caesare eraest Romana Brettenlord gesohte” (“¡Julio el César fue el primero de los romanos que vino a Bretaña!”) Ese fue el grito que lanzó Jorge Luis Borges en la calle Perú de Londres tan pronto supo a través de sus estudios que Julio César había sido el primer romano en pisar la capital de Inglaterra.

Borges, el poeta que en dos ocasiones anunció tramposamente su propia muerte para saber qué dirían en el mundo sobre su obra. Y logró saberlo. Envidiable iniciativa borgiana. Hasta Borges comentó que él jamás hubiera imaginado que su obra literaria fuese tan importante. ¡Ja!

Y yo me acordé de Borges cuando Obama llegó a La Habana y caminó sus calles en medio de una amistosa algarabía popular que ni la lluvia pudo menoscabar. Eran 88 años que Cuba no era visitada por un mandatario estadounidense. Muchos cubanos pensamos que no sobreviviríamos para ver ese acontecimiento histórico: Obama en La Habana. Parafraseando nuestra bella exclamación cubana: “¡Qué bolá, asere!”, yo me dije: “¡Qué Barak, Obama!”
Y no es para menos. Sentí mucha alegría de que Obama extendiera la mano amiga a todos los cubanos.

Obama cambió el curso de la Historia y sin duda puso en jaque a sus adversarios políticos estadounidenses (especialmente a los que abogan por mantener el embargo económico, financiero y comercial contra Cuba), y poco importan sus detractores y mucho menos los racistas y xenófobos. Obama cambió la Historia de los Estados Unidos en cuanto a Cuba. Enrique José Varona, nuestro sabio cubano, el pensador más lúcido de las tres primeras décadas del siglo XX, dijo, en uno de sus aforismos en contra de la esclavitud y la discriminación racial: “Lo negro de la esclavitud no es el negro”. Y como buen seguidor de José Martí, por supuesto, Varona sabía que “hombre es más que blanco, más que mulato y más que negro”.

¡Chapó por Barak Obama! Como mandatario echó a andar una nueva política estadounidense que beneficiará a Cuba, a su gente, a toda su linda gente que se lo merece.

Me acordé también del amigo norteamericano que me ayudó a recopilar toda la investigación sobre la cual pude escribir mi novela Adiós Arizona, asociando la ficción con la dura realidad que pisamos día tras día.

Gracias, amigo, donde quiera que estés, ¡gracias!

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