Bertolt Brecht o el perseguidor épico

Yo, Bertolt Brecht

     Brecht es un hombre libre y fuerte.

     Él ha representado el espectáculo que el mundo le ofrecía, 

     Era, lamentablemente, un espectáculo trágico.

     Se abrió con la catástrofe de la Alemania después de la Primera Guerra Mundial, proseguía con las efímeras esperanzas de paz y de justicia y la enorme miseria de los años hasta el 30, precipitaba en el cuadro de pobreza y de terror del nazismo en el poder, culminaba en la catástrofe alemana y europea de la última guerra.

     Después del 45 continuó a luchar contra la nueva miseria y contra las nuevas amenazas a la libertad y a la justicia.

     Fue noble e implacable adversario de cada nazismo.

     Se estremecía, hoy, leyendo con coraje y verdad, que había combatido y previsto cada aspecto de la locura hitleriana.

     Su voz, junto a aquellas pocas de otros, quedó como una de las más nobles y valientes que se han levantado desde el corazón de Europa.

Del pobre Bertolt Brecht

     Yo, Bertolt Brecht, vengo de los bosques negros.

     Mi madre dentro las ciudades me llevó

     cuando aún estaba en su vientre. Y el frío de los bosques

     hasta morir dentro de mí.

     Soy cortes con la gente. Me meto

     en la cabeza un sombrero duro, como se usan.

     Digo: son animales con un olor especial.

     Y digo: no pasa nada, soy también como ellos.

    De estas ciudades quedará solo quien las atraviese ahora: ¡el viento!

    Nosotros lo sabemos, estamos de paso.

    Después de nosotros: nada habrá de notable.

(Poesías escogidas de su libro: «Poesías y canciones»)  

Bertolt Brecht (Augsburgo, febrero 10, 1898—Berlín-Este, agosto 14, 1956). Fue dramaturgo y poeta alemán, uno de los más influyentes de siglo xx, creador del teatro épico, también denominado teatro dialéctico. Durante la Alemania nazi, Brecht huyó de su país, primero a Escandinavia y, durante la Segunda Guerra Mundial a Estados Unidos. Donde fue vigilado por el FBI. Tras la guerra, fue citado por el Comité de Actividades Antiamericanas de la Cámara de Representantes. Fue obligado a viajar a Berlín del Este y fundó la compañía de teatro Berlines Ensemble con su esposa y colaboradora durante muchos años, la actriz Helene Weigel.

Brecht procedía de una familia burguesa de Augsburgo, Estado de Baviera. La modesta casa donde nació se conserva hoy como Museo Brecht. Su padre, católico, era un acomodado gerente de una pequeña fábrica de papel, y su madre, protestante, era hija de un funcionario. El joven Brecht, educado en la Biblia y los clásicos alemanes, era sin embargo un rebelde que jugaba al ajedrez y tocaba el laúd. Se sentía atraído por lo distinto, lo extravagante, y se empeñaba en vivir al margen de las normas de su tiempo, de su recato y su sentido de disciplina. En 1904 comenzó la escuela primaria en Augsburgo y en 1908 ingresó en el Instituto de bachillerato. Obtenía calificaciones buenas, aunque no excelentes.

A los 15 años ya editaba un periódico escolar con un amigo, siendo Brecht el que redactaba casi todos los artículos, en parte con seudónimo. Cuando comenzó la guerra, consiguió que le publicaran en la prensa local y regional unos cuantos reportajes del frente, poesías y ensayos, en su mayoría de inspiración patriótica. Mas pronto abandonó esa visión y sus aportaciones a la prensa local disminuyeron. Inicialmente entusiasmado, Brecht cambió pronto de opinión al ver a sus compatriotas “engullidos por el ejército”. Parece ser que estuvo  punto de ser expulsado del instituto por una redacción sobre el verso de Horacio «Dulce et decorum est pro patria mori»: (Dulce y honorable es morir por la patria), que no mostraba la actitud hacia la muerte heroica que se esperaba de los alumnos. Solo la intervención de su padre y el profesor de religión le evitaron el cumplimiento del castigo.

Gracias a la influencia de su abuela y de su madre, Brecht conocía la Biblia, una familiaridad que influiría de por vida en sus escritos. De su madre heredó la “peligrosa imagen de la mujer abnegada”, recurrente en sus obras. Brecht vivía en un hogar de clase media acomodada, a pesar de sus ocasionales intentos de reivindicar sus orígenes campesinos. En la escuela de Hamburgo conoció a Caspar Neher, con quien estableció una relación creativa que duraría toda su vida. Neher diseñó muchos de los decorados de los dramas de Brecht, y contribuyó a forjar la iconografía visual distinta de su teatro épico.

De 1917 a 1921 estudió Medicina en la Universidad de Múnich, pero tuvo que interrumpirla para hacer el servicio militar como médico en un hospital militar en Augsburgo en la Primera Guerra Mundial. Su padre le consiguió trabajo en un lazareto y allí fue donde aprendió a odiar la guerra. Admiraba a Franz Wedekimd y a Karl Valentin, uno de los mejores representantes del cabaret alemán en estado puro. Brecht nunca fue un buen actor cómico, ni siquiera buen actor, pero sabía reconocerlo cuando lo encontraba. La veneración que profesaba por Valentin la tendría más adelante por Charles Chaplin.

En 1918 se traslada a Berlín y escribe su primera obra teatral, Baal, cuyo personaje principal era un poeta y asesino. Allí entra en contacto con la vanguardia e inicia su carrera como periodista, crítico y dramaturgo. Estudia a fondo el marxismo que le parece la única explicación coherente para la sociedad tan inhumana en que vive. Brecht decidió que sus temas serían la guerra, la pobreza, el hambre y la explotación. Nunca fue miembro del partido comunista, pero desde finales de los años veinte se consideraba sí mismo marxista. Cuando hablaba de los clásicos se refería a Engels, Marx y Lenin. Durante este tiempo conoció a Paula Banholzer, quien en 1919 dio a luz a un hijo suyo, Frank, que moriría en el frente soviético durante la Segunda Guerra Mundial, en 1943.

Luego, entre 1918 y 1920 escribió una pieza sobre la revolución alemana, liderada por los espartaquistas, con el título «Tambores de la guerra». El final de esta obra sacude al auditorio: “todo esto no es más que puro teatro. Simples tablas y una luna de cartón. Pero los mataderos que se encuentran detrás, esos sí que son reales”. La moralidad de la obra suplanta el teatro tradicional. A partir de 1920, Brecht viajó a menudo a Berlín, donde entabló relaciones con gente del teatro y de la escena literaria. En 1921 dejó la Universidad. Entre 1922 y 1927 estuvo casado con Mariana Zoft, actriz de teatro y cantante de ópera. Un año más tarde tuvieron una hija, Hanne. Poco después conoció a la que sería su segunda esposa, Helene Weigel.

En 1924 abandonó Augsburgo y se fue a Berlín, donde la vida cultural era efervescente, y donde conoció al poeta expresionista Arnold Bronnen, con el que fundó una productora. Ese mismo año empezó a trabajar como dramaturgo. Tuvo a su tercer hijo, Stefan, si bien tres años más tarde se divorció de Marianne Zoff. Sus obras de esta época se alejan del Expresionismo como de la denominada Nueva Objetividad. Desde 1926 tuvo contactos con artistas socialistas y en 1927 comenzó a estudiar El capital de Marx

A mediados de los años 20 Brecht se había transformado en un comunista convencido, que también buscaba objetivos políticos con sus obras. Como con Mann ist Mann (1926), por ejemplo. Sin embargo, nunca se hizo miembro del Partido. El concepto de marxismo que defendía Brecht estaba influenciado por marxistas no dogmáticos y sin partido. Su concepción del teatro épico transcurrió de manera paralela al desarrollo de su pensamiento político a partir de 1926. Sus innovaciones teatrales causaron rechazo entre los defensores del realismo socialista. Entre 1929 y 1934 escribió obras entre las que se destacan: Línea de conducta, Acuerdo y tal vez la más importante y hermosa de esta época: La excepción y la regla (1930), donde se refleja el estudio de los clásicos del socialismo y la evolución hacia un teatro que por medio del distanciamiento muestra la capacidad de transformación del hombre y la sociedad.

A sus 29 años publicó su primera colección de poemas, Devocionario doméstico, y un año más tarde alcanzó el mayor éxito teatral de la República de Weimar con La ópera de cuatro cuartos/La ópera de los tres centavos, representado a la sociedad burguesa de delincuentes, prostitutas, vividores y mendigos. Esta obra fue llevada al cine en 1931. Brecht siempre pretendió concientizar al espectador y hacerle pensar, procurando distanciarlo del elemento anecdótico. Su meta fue alcanzar un cambio social que lograse la liberación. Ese propósito lo abordó tanto a través del ámbito intelectual como del estético. Un año después, en 1932, Brecht llevó sus ideas al cine con Tripa vacía o ¿a quién pertenece el mundo?  

Hasta 1933, Brecht trabajó en Berlín como autor y director de teatro. Pero aquel año, Hitler se hace con el poder. A comienzos de 1933 la representación de la obra La toma de medidas fue interrumpida por la policía y los organizadores fueron acusados de alta traición. El 28 de febrero, un día después del incendio del Reichstag por parte de los nazis, Brecht con su familia y amigos abandonan Berlín Y huyen a través de Praga hacia Dinamarca, donde el autor pasó cinco años. En mayo de 1933, sus libros fueron quemados por los nacionalsocialistas. El exilio de Brecht fue posiblemente el tiempo más duro de su vida, a pesar de lo cual en este periodo escribe alguna de sus mayores obras y alcanza su plena madurez con sus cuatro grandes dramas escritos entre 1937 y 1944. Encontrándose en una situación económica difícil, tuvo que viajar primero a Dinamarca, luego a Suecia, donde vivió durante un año en una granja cerca de Estocolmo y finalmente, en abril de 1940, a Helsinki.

Durante esta época escribió La vida de Galileo. Esta pieza teatral recrea muy libremente la biografía del científico, describiendo la autocondenación del personaje para dar encima de su teoría heliocéntrico delante de la inquisición. Brecht siempre se pronunció contra la autoridad del Estado y la sociedad con la justa crítica para no llegar a ser mártir de sus propias ideas. En Suecia escribió el poderoso alegato antibélico Madre coraje y sus hijos, en una tentativa de demostrar que los pequeños empresarios codiciosos no vacilan en promover devastadoras guerras para ganar dinero. La vida de Galileo fue estrenada el 9 de septiembre de 1942 en el teatro de Zurich.

En El alma buena de Szechwan (1938-40) examina el dilema de cómo ser virtuoso y sobrevivir al mismo tiempo en un mundo capitalista. En El círculo de tiza caucasiano narra la historia de una pugna por la posesión de un niño entre una madre de la alta sociedad que le abandona y una criada que se ocupa de él; a la manera salomónica, el juez debe decidir quién es la verdadera madre. En el verano de 1941, viajó en el expreso transiberiano desde Moscú a Vladivostok. Desde el este de la Unión Soviética se trasladó en barco a California, asentándose en Santa Mónica, cerca de Hollywood. El 30 de octubre de 1947 es interrogado por el Comité de Actividades Antiamericanas, por lo que tuvo que escapar al día siguiente otra vez a Suiza, sin esperar el estreno de su drama La vida de Galileo en Nueva York.

En Suiza vivió un año. Ahí escribió El señor Puntila y su crido Matti, un drama popular sobre un granjero finlandés que oscila entre la sobriedad grosera y el buen humor de borracho. Brecht tenía prohibida la entrada a Alemania Occidental (RFA) por órdenes de las autoridades de ocupación de la postguerra (aliados). Tras 15 años de exilio volvió a Alemania Oriental (RDA) en 1948 y se instaló en Berlín Oriental. En 1956 contrajo una inflamación pulmonar. En el cincuenta aniversario de su muerte, el diario de alemán de Berlín Der Tagesspiegel publicó las grabaciones completas de un discurso dado el 1 de septiembre de 1956 por Erick Mielke con motivo de su nombramiento como director de la Stasi (policía secreta de la RDA). En él, Mielke admitía que Brecht «quería hacer una denuncia contra un dirigente de la Seguridad del Estado», y tras una intencionada pausa, agregó: «después Brecht murió de un infarto». Así abonó la hipótesis de que Brecht recibió un «mal tratamiento deliberado» a la afección coronaria que arrastraba desde hacía años.

La vida de Brecht, como su obra, fue toda una protesta y una lucha contra el conformismo, contra la fragilidad moral, contra la injusticia controlada por los poderosos y contra la ceguera de los hombres. Y luchó con una pasión y una honestidad que son ejemplares para nuestros tiempos. Su obra testimonia una profunda fe en la vida. En efecto, Brecht protegió cada energía suya por transformar verdaderamente el mundo. Quería que el hombre fuese hombre, quería que la injusticia fuese exterminada. «La verdad es concreta», son palabras que se elevan altas e iluminan todo el sentido de sus obras y de su vida. Su estilo y lenguaje continúan ejerciendo influencia en el teatro moderno.


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