De la obra de Carlos Fuentes

Aura (1962)

Desde un principio el autor sume al lector en una atmósfera misteriosa y oscura al contarnos la breve historia de un joven filósofo mexicano que penetra en la antigua mansión de la viuda del general Llorente, combatiente que fue del México aliado a las tropas del Tercer Imperio francés. La vieja señora vive encerrada en compañía de un conejo blanco y unas quietas ratas, hundida en el culto al pasado, lleno de recuerdos de la emperatriz Carlota y de sus veladas, de la amistad del duque de Morny, del Estado Mayor de Maximiliano, de las batallas revolucionarias y del exilio en París.

El joven está contratado para clasificar y publicar las memorias inacabadas del general, escritas en lengua francesa. La vieja señora exige que el joven comparta su casa para acelerar el trabajo. Éste que se siente gravemente trastornado por la oscuridad del lugar, por una necesidad de orientarse por los pasillos más al oído que a la vista, por las extrañas miradas verdes de la guapísima Aura, discreta y apasionada hija del ama de casa. Felipe Montero comprende que la muchacha está secuestrada por su despótica madre y si ya desea, si la quiere, es sobretodo para poder liberarla, para que puedes escapar de la casa silenciosa y cerrada, llena de perfumes extraños y de ruidos leves pero inexplicables.

Una noche, la señorita penetra en el dormitorio del joven y se acuesta con él. Pero cuando Felipe quieres renovar la experiencia, constata que la anciana ha presenciado sus amores clandestinos. También le parece que la muchacha ha envejecido en unos veinte años. Poco a poco comprende que la preciosa Aura es la imagen del México moderno, siempre enfrentado con su pasado, luchando por buscar un camino original, independiente, sin poder alcanzarlo.

Esta novela alegórica esta escrita con un talento literario extraordinario.

Zona sagrada (1967)

Es el largo monólogo interior de un muchacho hechizado por el culto a su madre, extraordinario monstruo sagrado del cine. En la cornisa almafitana, en Positano, Roma o México, por todas partes la presencia física, el recuerdo mítico de su madre obsesiona al joven. Lamenta la vida artificial de una mujer todavía bella, rodeada por sus periodistas, admiradores y muchachos que somete todo y todas a su ley inflexible. Obliga a los fotógrafos a representarla de la manera más seductora, en su casa de un lujo fabuloso, cubierta de joyas y de pieles, para exaltar una personalidad casi mitológica.

Hacia esta mansión, hacia tal “zona sagrada” se orientan todos los deseos del hijo, Guillermo, dominado por un amor irresistible. Y cuando entabla una intriga amorosa con Bela, una de las jovencitas que acompañan siempre a su madre, ésta se enfadada al constatar que ha perdido así una parte de su poderío casi sexual. Pero ahora la narración ofrece una textura mucho más compleja con sus recuerdos, sus evocaciones, sus sueños que perturban al joven, hasta que un día, penetrando en la residencia abandonada por Claudia, su madre, se apodera de sus vestidos, de sus pelucas, de todas sus prendas para ponérselas en una actitud a medio camino entre el juego del disfrazar y el deseo de integrarse completamente a la personalidad de su madre. No sabemos si lo alcanzaron la locura o el delirio amoroso, casi incestuoso. Referente que es la ternura obsesionan de Guillermo hacia su madre acaba por quitarle el buen sentido.

Cambio de piel (1967)

Recibió el Premio Biblioteca Breve en Barcelona, sin conseguir el derecho de impresión de su texto por las autoridades. Se encargó de la tarea una editorial argentina. La novela nos ofrece un panorama de la mentalidad mexicana inconsciente. El narrador emprende su discurso en tres planos pasando del tú descriptivo a la tercera persona, tan frecuente para el relato impersonal, y regresando después al yo psicológico. Estos tres puntos de vista se mezclan sin ninguna preparación para imponer al lector la conciencia de que la narración va construida por el concurso de tres opiniones reunidas en una versión única.

El tema principal es la historia de un viaje en coche entre México y Veracruz sin que los viajeros puedan pasar la ciudad de Cholula, donde las dos parejas se instalan en un hotel de segunda categoría. El hecho de que la esposa de Javier sea una judía de Nueva York, Elizabeth Jonas, invita al narrador a recordar brevemente la historia del pueblo hebreo y las torturas que sufrieron tanto en la Inquisición del siglo XVI como en los campos del Tercer Reich alemán durante la Segunda Guerra Mundial.

Que el amante de Elizabeth, Franz, sea o un alemán, excheco, ahora distribuidor en México de carros europeos, es un motivo para soñar en Checoslovaquia, en el impresionante viaje realizado por el autor a Praga. La evocación de la ciudad dorada, de sus magníficas iglesias barrocas, de sus conciertos de verano, desarrolla otro sueño artístico, la evocación de la música de Bach, particularmente intelectual, o la de Brahms, que conmueve a dos jóvenes: una estudiante holandesa que vive lejos de sus padres, y un joven checo obligado a ponerse el uniforme alemán que sabe cómo acabarán esas breves comuniones sentimentales, cuando el Oberkommando de la Wehrmacht lo decida.

Javier confiesa también sus amores con Isabel que los acompañen en el coche. Recuerda sus viajes con ella por las Cícladas, donde vivieron felices días en las playas de Mikonos, de Delos y de Rodas. Los recuerdos estéticos de Grecia se mezclan con las evocaciones de las fugitivas estrellas del cine americano, con la música de jazz, con nombres de afamados pintores o escultores internacionales del pasado y del presente, desde el yugoslavo Mestrovic hasta el belga Jordaens y el francés Bourdelle. Es preciso para revelarse no la cultura del autor, por lo menos una cascada de nombres que pertenecen al mundo familiar de los ambientes cultos, más europeos que americanos.

El narrador cambia brutalmente el cuadro de la acción, pasando de las ruinas de Xochicalco al paseo de Reforma en México, del cuarto del hotel de Cholula a la evocación de una Rathauskeller en Munich, de las playas griegas a Praga, a Suiza a Italia. La precisión de tales provocaciones, precisamente más de la vida en Buenos Aires y en Roma, revela un talento evidente de creación de ambiente. Fuentes sabe comunicarnos, con frases precisas, cómo ha sabido captar la atmósfera particular de las ciudades donde vivió. Otra calidad literaria es la fuerza extrema de su descripción del amor físico, el análisis detallado de las mínimas sensaciones de la pasión y de la vida sexual.

Fuerte personalidad, de gran cultura internacional, sabe revelarnos conflicto sordo entre varias culturas y maneras de vivir, las mexicanas enfrentando las norteamericanos y las europeas, como si fuese un conflicto entre lo ideal y lo mítico, cuyas sociedades se simbolizan por la pirámide azteca, la iglesia católica y el crematorio nazi. Las seguidas impresiones del relato pretenden además no precisar las fronteras psicológicas en la vida personal, interior, de cada uno de los personajes y su vida social, bajo la influencia de sus culturas respectivas. Cambio de piel evidencia también encontraste entre el pueblo histórico de Cholula y su vida en el tiempo del conquistador Cortés. Es otro tema del conflicto entre el mundo y el individuo.

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