Y de súbito la noche(Salvatore Quasimodo)

Serenidad y fuerza, amor por la libertad y por la tierra, enérgica conciencia de la historia y del tiempo, están entre las contraseñas ejemplares de la obra de Salvatore Quasimodo. Nació en Siracusa en 1901, tuvo por Cecilia un amor tenaz: fue consciente del antiguo espíritu griego, de la serenidad y limpieza de las formas, unida a una vida elemental y vigorosa. Sus primeras obras líricas, publicadas en 1942 en el volumen Y de súbito la noche, testimoniaron un trabajo paciente e intenso, dirigido esencialmente a la imaginación, y a una energía y limpieza indiscutibles, pero plenos de una humanidad verdadera. 

La experiencia de la guerra abre en su poesía un espacio vastísimo y un coloquio más directo con el mundo y con los hombres. El compromiso creativo de Quasimodo deviene así en una de las mayores contribuciones, y particularmente, en pro de una lenta renovación de la sociedad. En 1959 le fue conferido el premio Nobel de Literatura. Importantísima es también su actividad de traductor: del griego (Homero, líricas griegas, Esquilo, Sófocles, etc.), cuyas traducciones reportaron al lector moderno —en una rigurosa interpretación—, la gran poesía del pasado: y juntas indicaron la familiaridad profunda de Quasimodo con las más altas expresiones de nuestra civilización.

Pensamientos

Del ensayo “Poesía contemporánea” (1946) 

Las demandas que el poeta pone a sí mismo, y por consiguiente a todos, pueden ser consideradas oscuras por los contemporáneos, pero no por ello dejan de ejercitar su influencia en las zonas más vulnerables de una sociedad constituida.

El poeta no reniega nunca de la vida, aunque esté atravesado por la desesperación, reconoce lo árido, una dispersión en el corazón de los hombres, y los ve mitad de oro y mitad de sangre que se adentran en su continuo diálogo con la muerte.

La poesía es una posición del espíritu, un acto de fe, o mejor de confianza en aquello que el hombre hace, y no puede estar dominado por alguna que otra exigencia externa.

De «El hombre y la poesía» (1946)

Cuando la poesía comienza a relatar… comienza la decadencia, la verdadera decadencia.

La poesía no debe decir, debe ser.

Poesía es cualquier fuerza que transforme una cosa del no ser al ser.

Del «Discurso sobre la poesía» (1953)

La posición del poeta no puede ser pasiva en la sociedad: él “modifica” el mundo. Sus fuertes imágenes, su creación, golpean el corazón del hombre con más fuerza que la filosofía y la historia.

Del «El poeta y el político» (1959)

El poeta no puede hablar solamente en los intervalos de la barbarie.

El político quiere que el hombre sepa morir con coraje, el poeta quiere que el hombre viva con coraje.

Mientras el poeta está consciente del poder del político, estos se dirigen al poeta solamente cuando su voz alcanza profundamente los diversos estratos sociales, o sea, cuándo la lírica y la épica se revelan más allá de las formas, también de los contenidos. Desde este momento comienza una lucha soterrada entre el político y el poeta. En la historia los nombres de los poetas exiliados vienen desde afuera como dardos mortales; mientras el político, verbalmente, sostiene la cultura, en realidad trata de reducir la potencia del poeta: su finalidad no es otra en cada siglo que arrancar tres o cuatro libertades fundamentales del hombre, a fin de que eso continúe, en este eterno entramado, y retomar aquello que ha sido saqueado.

No es retórica: en cada nación el asedio silencioso al poeta es coherente en la crónica humana. Pero los literatos pertenecientes al político no representan toda la nación, sirven solamente, digo “sirven”, para retrasar algunos minutos la voz del poeta dentro del mundo. Con el tiempo, según Leonardo, “cada injusticia se endereza”.

Milano, agosto 1943

En vano buscas entre la pólvora

pobre mano, la ciudad está muerta

está muerta: se ha escuchado el último sonido

sobre el corazón del navío. Y el pájaro

ha caído sobre la antena, alta sobre el convento

donde cantaba antes el atardecer

no excaven pozos en los portales

los vivos no tienen más noches

no toquen los muertos, así rosados, así hinchados

déjenlos en la tierra de sus casas

la ciudad está muerta, está muerta.

Y de súbito la noche

Cada uno está solo

sobre el corazón de la tierra

atravesado por un rayo de sol

y de súbito la noche.

(Soledad del hombre, comprimido en el centro de la tierra. Soledad de la luz.

Y de inmediato está el dolor, en el pensamiento de la puesta de sol).

Estimados lectores: 

En este breve poema se encuentra la síntesis de toda la grandeza poética de Salvatore Quasimodo.

Atentamente

El autor.


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